Plantar un árbol en el desierto - Exhibición
- ecocompartimos
- Feb 9
- 5 min read
Exhibición fotográfica
Marruecos se descubre caminando, degustando y conversando.
Un recorrido de fotografías nacido de un proyecto mayor:
Plantar un árbol en el desierto junto a Ecocompartimos
Estas imágenes fueron realizadas en diferentes lugares al sur y al este de Marruecos. Se presentan como un paseo sin prisa, una guía para mirar cada fotografía y aproximarse a la cultura que la rodea.


Lunes 31 de marzo de 2025, a las 7:30 de la mañana, en la ciudad de Anza, cerca de Agadir. Cientos de musulmanes se congregan para celebrar el Eid al-Fitr, entre ellos miembros de los servicios civiles, como policías y técnicos de emergencias.
“Para quien no lo sepa “Eid-Al Fitr” es el último rezo matutino antes del gran desayuno, donde dan por terminado el mes de Ramadán. Y justo allí, con mi chilaba y mi cámara de fotos, me encontré la realidad. Sin filtros. Simplemente la fuerza de la religión musulmana.[…]” Puedes leer más en: Las Puertas del Sáhara
“El “Eid-Al Fitr” se dá en un terreno amplio y vacío, no en mezquita. Un lugar grande para dar cabida a cientos, miles de personas que van a congregarse al rezo, dirección a la Meca—El gran sueño— de todos y cada uno de los musulmanes. Divididos en dos grandes grupos, se preparan con alfombras y sus mejores “Chilabas”; por un lado los hombres y niños suficientemente mayores como para hacer el rezo por sí mismos, y más atrás, casi a 40m de distancia las mujeres y niñas.[…]”. Más en: Las Puertas del Sáhara


Llamada “La Puerta del Sáhara” es una de esas pocas regiones en las que no piensas cuando viajas a Marruecos. Demasiado al sur, demasiado autóctona, aparentemente sin atractivo. Y sin embargo, quizá sea el mejor lugar para sentir la verdadera cultura.
“Oumifiss es un pequeño pueblo situado a unos kilómetros de distancia de la ciudad de Guelmim [..]. Me encuentro aislado de cualquier actividad de ocio como: cines, cafés, tiendas de ropa o cualquier lugar que tenga algún tipo de luz o escaparate[…]”.
“—al igual que en España tenemos una iglesia por cada pueblecito, —aquí hay una mezquita. Pues poco importa que el número de ovejas sea mayor que el de personas […]”. Puedes encontrar más en: Oumifiss

A unos 10 minutos a pie de Oumifiss se encuentra “El supermercado”. Pequeño por fuera, pero sorprendentemente amplio. Solo saluda con tu mejor Salam Aleikum después pregunta o mejor dicho describe, señala. Al final lo encontrarás aquí.


Las mezquitas son el corazón de la vida en cada urbe, espacios que laten casi las veinticuatro horas del día. La jornada comienza al alba, cuando el primer rezo se eleva y despierta las calles. Poco después, los puestos empiezan a abrirse y los vendedores pregonan a viva voz los precios de la fruta y la verdura. Llegan las mujeres, cuchichean entre ellas y ríen en voz baja, mientras los abuelos avanzan despacio, apoyados en el tiempo, observándolo todo con ojos cansados pero siempre atentos.
“Escucho la llamada al rezo 5 veces al día, exacto 5. La primera suena antes que el gallo y es sobre las 5:00am —Terrible—; la segunda te avisa para comer a las 14:00 del mediodía; luego a las 17:00 un teé para aguantar el calor; después sobre las 20.15 para decir adiós al Sol y dar la bienvenida a la noche; y para terminar, a las 22pm aprox. te prepara para la cena (al menos en mi caso).[…]” Encuentra más en Cada día Entiendo un Poco más.


Marruecos es un país forjado en la fortaleza de su gente. El trabajo duro no es una excepción, sino parte del día a día: una constancia silenciosa que se aprende desde temprano y se sostiene con dignidad. En ese esfuerzo diario, lejos de endurecerse, las personas conservan la cercanía, la hospitalidad y una humanidad que sorprende. Allí, entre sacrificios y perseverancia, uno encuentra gente verdaderamente maravillosa. Un ejemplo claro es:
“El padre de Yassin se llama “Lyassid” o al menos así se pronunciaría en español. Un hombre enjuto, de tez morena y lleno de vitalidad cuyas manos definen perfectamente el trabajo duro que acarrea día tras día con más de 60 años[...]”. Lee más en: La austeridad como estilo de vida.



En cuanto a las mujeres, son las grandes desconocidas, a menudo ocultas tras sus hiyabs y resguardadas en sus círculos de amistad. Sin embargo, lejos de la invisibilidad, sostienen el verdadero peso familiar: son su pilar esencial, la fuerza silenciosa que organiza, cuida y mantiene vivo el hogar.
Las más jóvenes luchan a diario por el favor de sus familias y por la posibilidad de un futuro mejor. Estudian, trabajan y perseveran, —no sin esfuerzo—, en un mundo históricamente dominado por los hombres, donde cada día más mujeres son reconocidas y admiradas.


Acercarse a ellas puede parecer difícil, incluso irrespetuoso a primera vista. Sin embargo, cuando el contacto se da desde el respeto, abren el corazón por completo. Son madres, hermanas e hijas. Entre ellas se cuidan y se sostienen, sin importar la procedencia, el estatus o el color. Allí, el amor se sitúa por encima de todo.
Las protagonistas de estas fotografías representan un ejemplo claro de alegría y generosidad. Personas que dan sin esperar nada a cambio, procedentes de un mundo casi olvidado en Europa, ajeno a la ambición y al egocentrismo.




Las tradiciones, la cultura y el estilo de vida siguen latiendo en cada rincón del país. Desde un partido de fútbol en el barrio, hasta un tranquilo paseo en camello por la playa o el desierto, todo refleja la vida que aún perdura en Marruecos. Lo que a veces percibimos como simples atracciones es, en realidad, el linaje y la herencia de su gente: prácticas cuidadas con respeto y vividas con alegría, que nos conectan con la esencia de un país y su corazón.
“A pesar de los rizos y la barba se nota que no soy de por aquí, y me preguntan: “Where are you from?” yo suelo decir que de Barcelona, aunque no es del todo cierto es sin duda fácil de entender. Sin embargo, eso me convierte en fan de Messi y también, buen jugardor. Pronto cambian de parecer al verme jugar.” Encuentra más en: Cada Día Entiendo Un Poco Más.

En un mundo que se vuelve cada vez más competitivo y ruidoso, donde las redes sociales son protagonistas. Nos exponemos, nos atamos a expectativas que no son nuestras. Y sin darnos cuenta, olvidamos la verdadera esencia. La nuestra.
Aquí enocntré el aburrimiento. Al principio, lento y vacío, casi aterrador: sin ruidos, sin distracciones, sin estímulos que sostengan la atención. Pero en ese silencio aparece lo inesperado: la posibilidad de mirar, de pensar y de crear, como si el vacío mismo ofreciera el abrir una puerta a nuevas posibilidades.
En la búsqueda de lo simple, del minimalismo que rompe estructuras cargadas de exceso. Encontramos: el silencio, la calma, la claridad que llega cuando dejamos de huir del aburrimiento y nos enfrentamos a él.
Aquí encontré el lugar donde basta con ser. Un lugar donde la vida no necesita adornos, y donde crecer es simplemente aceptar lo que somos, sin miedo al vacío ni al tiempo detenido.
“[…] Alejado del mundo y en mitad del desierto me siento a veces como El Principito. Paseo por el desierto preguntando, y al mismo tiempo, añorando.” Lee más en: La austeridad como estilo de vida.

Concluyo esta muestra con una fotografía que, sin ser un autorretrato, me representa profundamente. En ella habita mi mirada y también mi interior: un espacio pequeño, colmado de imágenes e historias descubiertas a lo largo de mi paso por Marruecos.
Te invito a mirar este país sin prejuicios, a no confundir su política con su esencia. Detente en su gente, porque es ella quien mejor encarna y transmite la verdadera cultura de Marruecos.
Kevin Cano





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